La guerra aèria a Catalunya (1936-1939)

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Estudiar la guerra ha parecido durante mucho tiempo algo rancio y sin sentido. Para el ciudadano medio la guerra es la barbarie máxima, la exaltación de unos valores diametralmente alejados de la sociedad actual. Lo que ocurre cuando todo lo demás falla y, por tanto, un acto imperfecto por su propia naturaleza. Por ello, a los historiadores que hablamos de la guerra a veces se nos mira con cierta sospecha nacida de confundir análisis crítico con belicismo.

Estudiar la guerra, como concepto, no es necesariamente quedarse en la espuma del acontecimiento o ensalzar la violencia y el militarismo. Es acercarse a un fenómeno complejo, profundamente poliédrico, que por su carácter de escenificación pública nos permite entender muchas cosas de como funcionan las sociedades que la ejercen o la padecen. No hace ni un mes tuvo lugar en Cáceres un excelente congreso internacional de jóvenes medievalistas cuyo tema era, precisamente, la guerra en la Baja Edad Media. Las ponencias y comunicaciones presentadas dejaron en evidencia una cosa: el estudio de la guerra  ha dejado de ser el monopolio de los eruditos de salón y ha entrado con fuerza en el pensamiento de los jóvenes investigadores, que ven en ella el canal para explicar aspectos de la sociedad europea de los siglos XIV y XV que de otra forma permanecerían ocultos.

Portada La Guerra aèria a Catalunya - 1936-1939 - David Gesalí Barrera y David Íñiguez Gracia

También hay que hablar, aunque se haya dicho mucho, sobre la Guerra Civil. Paradójicamente no se ha dicho todo y libros como el que he estado leyendo estos días, La guerra aèria a Catalunya (1936-1939) son un ejemplo de manual de que da mucho por decir. Sus autores, David Gesalí Barrera y David Íñiguez Gracia, dos grandes amigos y mejores – si cabe -historiadores son quizá los mayores expertos en guerra aérea y aviación republicana en  la guerra civil. Y eso se nota, en la soltura que tienen al manejar las fuentes, el conocimiento horizontal que demuestran a cada página y la cantidad de material de archivo que dominan de una manera fluida.

La guerra aèria a Catalunya es un libro que debía hacerse. Los cielos de la Guerra Civil no han tenido un papel preponderante en la narrativa del conflicto como sí que lo tuvieron, de hecho, en el transcurso de la guerra. Por primera vez se plantea una escenario de combate donde la aeronáutica tendrá un papel activo y fundamental para explicar los hechos. No era un elemento accesorio como a veces se piensa, sino la tecnología punta de la época, aún contemplada por la ciudadanía en aquellos años con esa mezcla de ilusión y estupor que combinan los avances técnicos de vanguardia.

En el libro encontraremos muchas cosas, acompañadas de una ingente cantidad de material fotográfico, muchas veces inédito hasta la fecha. Campos de aviación, los primeros momentos de la insurrección militar, la Batalla del Ebro, el desarrollo de la industria de guerra, los mecanismos de defensa pasiva de las ciudades, los planes de unos y otros para afrontar una guerra radicalmente diferente a las vividas antes, la falsa pasividad internacional o las memorias personales de los implicados. Todo ello y más tiene cabida en las 575 páginas del libro.

Bombardeo aeréo de Matadepera – Guerra Civil Española

 

Hablar de aviones en la Guerra Civil es hablar también de sus pilotos. Jóvenes audaces a los que no siempre se les dio el reconocimiento merecido y sobre los que ha caído el olvido. Un olvido trágico que en cualquier país democrático no debería ser aceptado, más cuando las últimas actuaciones aéreas de los pilotos republicanos se tiñeron de un componente épico más que notable. Exhaustos, sin recursos, los jóvenes que despegaban de los aeródromos del Vallès en los días finales de la batalla por Barcelona se enfrentaban a una inferioridad numérica y de materiales incontestable. Y pese a ello, volvían una y otra vez, ajenos al miedo.

En este sentido, una de las grandes virtudes de La guerra aèria a Catalunya es saber, pese a lo fácil que hubiera sido, no quedarse en el recurso de afrontar el tema desde la vertiente lacrimógena que se estila al tratar la guerra en los cielos en general y los bombardeos aéreos en particular. Se busca en todo momento analizar el tema desde la óptica del historiador que se pregunta los porqués de los hechos, sin caer en el efectista recuento de víctimas. Habrá quien confunda esta decisión con insensibilidad, pero lo que hay detrás es oficio y la necesidad de entender los mecanismos que mueven la Historia. Sea en una carga de caballería pesada, en la música que se percibe tras el ruido de los cañones o desde los muros de un castillo.

 

 

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